¿Te gustaría vivir postrado en una cama sin movilidad y depender de los demás para cualquier cosa?
Yo tengo claro que no, y creo que la mayoría coincidimos en que no es calidad de vida. Pues en esto consiste la eutanasia, en hacer que los pacientes terminales puedan poner fin a su vida de la manera más indolora posible y ahorrarles futuro sufrimiento. Aunque parece que ninguno de nosotros querría vivir así, hoy en día esta práctica no está reconocida en 188 países y en 29 es un delito perseguido por la ley.

En España, Eskarne fue la primera en aplicar su derecho a una muerte digna. Era una mujer de 86 años que había pasado sus últimos meses encamada y con dependencia para todas las actividades diarias. Sufría un deterioro cognitivo severo y en su caso no había alternativas terapéuticas curativas. Por tanto, creo que la aprobación de la ley de la eutanasia en España ha supuesto un gran avance que debería extenderse cuanto antes al resto de países. Evita dolor e impotencia tanto a familiares como a los propios pacientes, pero, claramente, para aplicarla se requieren condiciones médicas muy específicas.
En los tiempos que vivimos es más que necesaria la regularización de la eutanasia. Los datos me dan la razón, según derechoamorir.org, cada año aumenta la población a favor, de hecho, en la última encuesta realizada por Metroscopia en 2019 más del 85% de los encuestados mostró su apoyo a la legalización.
En conclusión y teniendo en cuenta todo lo anterior, no puedo estar más de acuerdo con la aprobación de la eutanasia y la eliminación de trabas y barreras para su aplicación. Quiero recalcar que no estamos cometiendo un asesinato, estamos llevando a cabo un acto de humanidad y empatía para evitar el deterioro de la calidad de vida del paciente. Todos sabemos que cuando una persona está enferma, todo su entorno también lo está y su único deseo es que esa persona deje de padecer.
Sabemos que en estos casos el dolor de ver sufrir a un ser querido llega a ser mayor que el de la propia pérdida.

Y creo que no me equivoco al decir que cualquiera de nosotros, si alguna vez nos viéramos en una situación similar a la de Eskarne, nuestra decisión no distaría mucho de la suya, puesto que lo más importante de la vida es vivirla de una forma digna y plena. A mi parecer, todo lo demás no es vida.
